For Immediate Release
Monday, August 20th 2007
CONTACTS:
Nell Greenberg, 510-847-9777
Angela Walker, 650-766-2748
U.S. Human Rights, Trade and Labor Groups Oppose Closed-Door Summit on North Americas Future
Organizers call for an open, democratic debate on new NAFTA-Plus agenda
INTERVIEWS AVAILABLE ENGLISH/SPANISH
Today and tomorrow the presidents of the United States and Mexico and
the Prime Minister of Canada will meet to discuss the future of North
America. Their summit agenda will be dominated by a little-known
NAFTA-plus strategy dubbed the Security and Prosperity Partnership
(SPP). Labor and citizens organizations in the US, Mexico, and Canada
have come together to protest the secrecy of a process which threatens
to undermine democratic government, labor and human rights, and
environmental protection.
U.S. President George Bush, Mexican President Felipe Calderón, and
Canadian Prime Minister Stephen Harper are convening at the exclusive
Canadian resort, Chateau Montebellobehind a 25-kilometer security
perimeterfor the third tri-national SPP summit. The SPP is a
self-described White House-led initiative consisting of a secretive
series of agreements between the three countries on issues ranging from
border security to patent protections.
The SPP harkens back to the politics of the Old Boys Club, said Ted
Lewis, Global Exchanges Human Rights Director, where heads of state
sit around the table with corporate executives to hash out a political
wish list without public participation or scrutiny.
The heads of state will share their talks with an elite group of
corporate CEOs, known as the North American Competitiveness Council,
(NACC). The SPP ensures that corporate concerns are heard, while
other concerns remain silenced, said Jon Hunt of the Campaign for
Labor Rights. In the SPP the business leaders have direct access to
the Three Amigos while civil society is left out, on the other side of
the fence.
The SPP seeks to impose a Washington-based agenda on Mexico by focusing
on patent laws, anti-piracy campaigns, and lowering transaction costs
for U.S. businesses without addressing the causes behind worsening
rural and urban poverty in Mexico.
The SPP is about boosting the profitability of big business, said
Manuel Perez Rocha of the Alliance for Responsible Trade, the SPP is
not about creating opportunities for small farmers, street vendors, and
factory workers in Mexico or helping them restore their local economies
and livelihoods, but rather it is about giving another hand to the
corporations who cut jobs to raise profits increasing the economic
pressures that push families to uproot and look for work in other
Mexican states and in the U.S.
In the SPP, the governments misconceive migration as a security
problem, rather than understanding the economic roots of migration and
seeking to re-evaluate and recast the failed structural adjustment
policies that led to the North American Free Trade Agreement (NAFTA),
which has caused sharp increases in poverty in Mexico and consequently
the near doubling of undocumented Mexican immigration to the U.S. since
NAFTAs implementation in 1994.
Expanding the scope of NAFTA to incorporate security and energy
priorities links trade and militarization, said Jessica Walker
Beaumont of the American Friends Service Committee. Trade
agreements that only come to Congress for an up or down vote already
fly in the face of democratic processes, but tacking a secret,
quasi-military agenda onto an FTA is unacceptable.
The SPP puts pressure on Mexico to militarize its southern border,
while granting U.S. border patrol greater operations powers in the
U.S.-Mexico border, said Héctor Sánchez, of Global Exchange. Any
sensible immigration debate should start in an open public forum by
discussing how to generate greater economic opportunities in Mexico and
also how to protect workers rights on both sides of the border.
The SPP seeks to expand market access for U.S. and Canadian
corporations by creating so-called Super Corridors to link Canada to
the U.S.-Mexico border.
These long-distance transport routes perpetuate the unsustainable
consumption of non-renewable oil and gas resources and increase
greenhouse gas emissions, said Nancy Price of the Alliance for
Democracy. Any sane tri-national summit would seek perspectives on how
to integrate local and regional economies, not how to simply speed up
Canadas race to the sweatshop belt of the U.S.-Mexico border.
SPP documents have hinted at the poor performance of Mexicos national
oil company, a long sought-after target for U.S. investment and
potentially privatization. The SPP encourages Mexico to create a
separate gas production company and open it to private investment, a
profoundly unpopular view in Mexico.
After thirteen years of failed NAFTA promises, the heads of state
should seek input from a broad range of voices and open a critical
dialogue on how to recast North American economic integration.
Instead they choose to gather with those who have profited from the
misery created by NAFTA and strategize on how to continue and expand
this failed model.
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For more information, visit www.globalexchange.org/spp.html
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Para Publicación Inmediata
Lunes 20 de agosto de 2007.
CONTACTOS:
Nell Greenberg, 510-847-9777
Angela Walker, 650-766-2748
Asociaciones de Derechos Humanos, Comerciales, y Laborales de
Estados Unidos se Oponen a la Cumbre a Puerta Cerrada sobre el Futuro
de América del Norte
Los organizadores solicitan un debate abierto y democrático sobre la nueva agenda TLCAN-plus
Entrevistas disponibles en inglés y español
Hoy y mañana, los presidentes de Estados Unidos y México y el primer
ministro de Canadá se reunirán para discutir el futuro de Norteamérica.
La agenda de la reunión cumbre estará dominada por una poco conocida
estrategia, basada en el TLCAN, denominada la Asociación para la
Seguridad y Prosperidad de América del Norte (ASPAN). Asociaciones
cívicas y laborales de México, Estados Unidos y Canadá se congregan
para protestar en contra de la secrecía de un proceso que amenaza con
minar la democracia, los derechos humanos y laborales, y la protección
del medio ambiente.
Los presidentes George Bush, de Estados Unidos, Felipe Calderón, de
México, y el Primer Ministro Stephen Harper, de Canadá, se encontrarán
en el exclusiva localidad canadiense de Chateau Montebello protegidos
tras un perímetro de seguridad de 25 kilómetros para la tercera
reunión cumbre trinacional ASPAN. Esta asociación es una iniciativa de
la Casa Blanca que consiste de una serie de acuerdos entre las tres
naciones en temas que varían desde la seguridad fronteriza hasta las
protecciones a las patentes.
El ASPAN nos remite a la vieja política del amiguismo, comentó Ted
Lewis, el Director de Derechos Humanos de Global Exchange, en la que
los jefes de estado y de gobierno se hacen acompañar por los ejecutivos
de grandes corporaciones para juntos diseñar una lista de deseos, sin
participación o escrutinio ciudadanos.
Los jefes de Estado compartirán el escenario con un grupo de élite de
ejecutivos corporativos, conocido como el Concejo Norteamericano de
Competitividad (CNAC). El ASPAN asegura que se escuchen los intereses
corporativos, mientras que se silencian cualesquiera otros, dijo Jon
Hunt de la asociación Campaign for Labor Rights. En el ASPAN, los
líderes empresariales tienen acceso directo a los Tres Amigos, mientras
que la sociedad civil se queda excluída del otro lado de la barda.
El ASPAN busca imponerle a México una agenda de Washington que se
centra en leyes de patente, campañas antipiratería, y reducción de
costos de transacción para compañías estadounidenses, sin responder a
las causas de la intensificación de la pobreza rural y urban en México.
El ASPAN se avoca a expandir las ganancias de las grandes
corporaciones, opinó Manuel Pérez Rocha de Alliance for Responsible
Trade, el ASPAN no busca crear oportunidades para campesinos,
vendedores ambulantes, y obreros en México o ayudarlos a regenerar sus
economías locales; más bien, se trata de darle la mano a corporaciones
que reducen empleos para aumentar sus ganancias y las presiones que
orillan a las familias a migrar para encontrar trabajo en otros estados
de México y en los Estados Unidos.
En el ASPAN, los gobiernos confunden la migración con un problema de
seguridad, dejan de reconocer las raíces económicas del fenómeno, y
evitan evaluar las fallidas políticas de ajuste estructural que
desembocaron en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte
(TLCAN), mismo que ha sido causa del enorme crecimiento de la pobreza
en México y de la consecuente expansión de la migración indocumentada
de mexicanos a Estados Unidos, desde la entrada en vigor del tratado en
1994.
La expansión de la agenda del TLCAN para abarcar las políticas
energéticas y de seguridad vincula al comercio con la militarización,
expuso Jessica Walker Beaumont del American Friends Service Committee.
Los tratados comerciales que sólo pueden aprobarse o rechazarse en
paquete ya son una afrenta al proceso democrático, pero añadirle una
agenda cuasi-militar y secreta a un acuerdo comercial es inaceptable.
El ASPAN presiona a México para que militarice su frontera sur,
mientra que le otorga más capacidades operativas a la Patrulla
Fronteriza en la frontera entre México y Estados Unidos, observó
Héctor Sánchez, de Global Exchange. Cualquier debate migratorio
sensato debería comenzar en un foro abierto al público para discutir
cómo la economía mexicana pueda generar mayores oportunidades y cómo
proteger los derechos laborales en ambos lados de la frontera.
El ASPAN busca ampliar el acceso de las corporaciones estadounidenses y
canadienses a mercados internacionales mediante la creación de los
llamados super corredores que vinculen a Canadá con la frontera entre
Estados Unidos y México.
Estas rutas de transporte de larga distancia perpetúan el consumo no
sustentable de recursos no renovables, como el petróleo y el gas
natural, y la emisión de gases de invernadero, consideró Nancy Price
de Alliance for Democracy. Cualquier cumbre trinacional cuerda
buscaría fomentar perspectivas para integrar las economías locales y
regionales, no solo para acelerar la incorporación de Canadá al
cinturón de explotación en maquiladoras de la frontera entre México y
Estados Unidos.
Documentos del ASPAN hacen mención sesgada al mal desempeño del
monopolio estatal, petrolero mexicano, uno de los blancos para
políticas privatizadoras y jugoso botín para inversionistas
estadounidenses. El ASPAN recomienda que México cree una compañía
separada para la explotación de gas natural y que la abra a la
inversión privada, una propuesta profundamente antipopular en México.
Tras trece años de promesas incumplidas del TLCAN, estos jefes de
estado y de gobierno deberían buscar propuestas provenientes de un
rango amplio de opiniones y abrir un debate crítico sobre cómo recrear
la integración económica de Norteamérica. En vez, han escogido reunirse
con quienes lucran con la miseria producto del TLCAN y planean cómo
continuar la expansión de este fallido modelo.
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Para mayor información, visite www.globalexchange.org/spp.html
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